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Queridos lectores, les agradecemos este año compartido en este experimento al que hemos llamado "Diálogos desde el infierno". Estamos preparando la edición impresa de esta novela, para que pueda ser leida, como debe ser, en papel.

Obviamente nos hemos guardado el desenlace de esta historia para tentarlos a terminar de leer y a nosotros para obligarnos en el arduo trabajo de la edición y maquetación de un proyecto tan ambicioso, como lo es un libro.

A continuación sólo quedará disponible de lectura, hasta que salga el libro, las "Palabras preliminares" alusivas a nuestra novela, que ha escrito Ezequiel Camio: Amigo y lector obsesivo de nuestro "Diálogos desde el infierno".

Bernardo Bruni y Gonzalo Grela

Palabras preliminares

“Métame en el cielo de la conciencia

de Faustine. Será un acto

piadoso.”

A.B. Casares. La invención de Morel.



No sin un gran regodeo, he aceptado el convite, de quienes han dado vida a estas publicaciones, para trazar algo así como una introducción, preámbulo o llámese de manera fortuita “palabras preliminares”.

Diálogos infernales, encarna la eterna lucha entre fuerzas no compatibles, aunque perentoriamente entrelazadas para lograr la armonía: amor/tribulación; cárcel/libertad; infierno/cielo; etc./rigurosidad.

Dice Lucifer: “[…] desde el día de su primer amor usted ha entrado en el infierno […]”. Una sentencia arrogante, por demás, pero que enclaustra cierta justicia y veracidad. Cada quien que goce del placer germinado fruto del amor, habrá inconscientemente de establecer un contrato macabro con el emperador de las tinieblas, deviniendo algo así como en huésped accidental del infierno. Allí cada cuestión romanceril peca, falsamente, de culpa, de origen del dolor, de la desesperación, desolación, desamparo, y ese sentimiento de desmedida violación que sentimos los condenados cuando advertimos el engaño de manera pretérita.

Las conversaciones establecidas entre los personajes de este sitio, sus diálogos, denotan cierta complacencia, en voz de cualquiera de las partes. Bruni es un condenado reciente (para el tiempo de las composiciones), que, de buenas a primeras, es arrojado por su más noble sentimiento dentro de las celdas de Lucifer. Allí, cada asunto, cada experiencia romántica vivida (empírica o idealizadamente) le es restregada frente a sus narices como causa de la condena y del dolor (que bien se subordina este término con el primer concepto). No es Bruni alguien que vaya a dejarse vulnerar, ni siquiera frente a la hostil situación en la que es emplazado, ni muchísimo menos darse por vencido.

Ella, se convierte en una figura retórica, en desmedro de la cual se intentará inútilmente atribuir razones inculpándola como raíz de cada dictamen condenatorio. Y permítaseme la utilización del adverbio “inútilmente”, ya que considero que las culpas deben ser lavadas a la luz de cada conciencia (racional y libre) que elije pertinentemente el hoyo donde anidar los pesares.

Con respecto al resto de las composiciones: poesías, narraciones, etc., parecen girar en torno al referente medular al que anteriormente se hizo tácita evocación: el desamor, o ese sentimiento tortuoso que parece dar encanto a la liberación existencial, a lo trascendente, a la exaltación suprema que deviene de la feliz contingencia de haber estado enamorado.

Las máximas, no constituyen sino otra cosa que una invitación para el apego que termine condenándonos. Lucifer crea una serie de aforismos ilusorios de una felicidad eterna posible. Y nos alienta diciendo: “Que algo no funcione no es condición necesaria ni suficiente para el arrepentimiento”. Sagazmente, hará luego de este “principio” el argumento de sus aberraciones, dilucidando de modo nada afable que somos presa de nuestra propia condición: el albedrío.

Bernardo Bruni, Gonzalo Grela, poetas, sin duda alguna, han dado en llamar “diálogos infernales” al sitio propicio donde buscar asilo frente al infortunio sentimental (idea que parece haber sido ya enunciada). Un lugar donde, tal vez, quien se sensibilice de manera integral, tropiece con explicaciones (descripciones) simples, llanas y desnudas acerca de cómo verbalizar los idilios amorosos. Una suerte de consuelo ante la inevitable condición en la que incurrimos, por la No consumación.


Ezequiel S. Camio